Para mí, la amistad se cuida, especialmente cuando llegan los momentos incómodos.
Si tienes algo que cuestionarle a un amigo, hazlo de frente. Si cometió un error, díselo. Si tienes dudas, pregúntale. Pero hacerlo públicamente, sabiendo que otros van a utilizar ese cuestionamiento para atacarlo, destruirlo o humillarlo, es otra cosa. Eso no es amistad. Eso es deslealtad disfrazada de honestidad. La amistad no significa alcahuetear errores ni defender lo indefendible. Significa tener la suficiente lealtad para hablar en privado antes de exponer en público.
Porque cuando sabes perfectamente que tu amigo será convertido en blanco de ataques y decides quedarte mirando, incluso pudiendo evitarlo, ya tomaste una decisión. (Irse)
Y después no vengas a decir: “Yo solo estaba haciendo una pregunta”. A veces una pregunta puede ser inocente. Pero otras veces sabemos perfectamente qué consecuencias tendrá. La verdadera amistad se demuestra cuando defender al amigo cuesta. Cuando es más fácil señalarlo que cuidarlo. Porque cualquiera puede llamarse amigo en los buenos momentos.
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